El domingo pasado, durante la típica comida familiar, mi tío dejó el tenedor sobre la mesa, cogió su móvil con cara de indignación y nos lo enseñó a todos. En la pantalla brillaba un anuncio de zapatillas de senderismo.
—¡Os lo juro! —exclamó—. No he buscado nada en internet. Llevamos media hora hablando de que me quiero ir a la montaña este puente, y de repente me sale esto. El teléfono me está escuchando por el micrófono.
En la mesa, la mitad de la familia le dio la razón asintiendo con la cabeza. Todos tenían una historia parecida. Que si hablaron de cambiar el colchón y les salió un anuncio de Pikolin, que si mencionaron un viaje a Roma y el móvil se llenó de ofertas de vuelos. Mi tío incluso bromeó con ponerle una pegatina al micrófono del móvil, igual que hace con la cámara del portátil.
Yo, que me paso las semanas en la facultad estudiando precisamente cómo funcionan estas inteligencias artificiales y los algoritmos de predicción, me tomé un sorbo de agua y traté de explicarles lo que os voy a contar ahora.
La respuesta corta a si tu teléfono te escucha en secreto es no. No hay nadie al otro lado del micrófono espiando tus conversaciones de sobremesa. Pero la respuesta larga es que la realidad... es mucho más fascinante (y quizás un poco más inquietante) que la teoría del micrófono.
El problema del micrófono: ¿Por qué no te escuchan?
Es completamente normal que nuestro cerebro humano llegue a la conclusión del micrófono. Causa y efecto: si yo digo la palabra "montaña" en voz alta y a los cinco minutos veo un anuncio de "botas de montaña", la explicación más lógica para nosotros es que alguien me ha oído.
Pero cuando empiezas a estudiar cómo funciona la tecnología por dentro, te das cuenta de que mantener el micrófono abierto 24 horas al día, grabar ese audio, enviarlo a un servidor, transcribirlo a texto y analizarlo para mandarte un anuncio de unas zapatillas... es una auténtica ruina.
Procesar audio requiere muchísima potencia informática y energía. Si las grandes empresas de tecnología hicieran eso con los miles de millones de teléfonos que hay en el mundo, sus servidores se colapsarían y la batería de tu móvil no duraría ni dos horas. Financieramente y técnicamente, es matar moscas a cañonazos. No les sale a cuenta escucharte.
Entonces, ¿cómo lo hacen? ¿Cómo parece que leen nuestra mente? No usan un micrófono; usan estadística pura y dura.
El verdadero espía: El algoritmo predictivo
En lugar de escucharte, lo que hacen las redes sociales y los buscadores es observarte en silencio. Desde el día que te compraste el teléfono, has estado alimentando a un modelo matemático con miles de pequeñas migas de pan.
La Inteligencia Artificial que hay detrás de los anuncios no necesita oírte hablar de ir a la montaña porque ya ha atado cabos antes incluso de que abrieras la boca. Lo hace cruzando datos que le damos sin darnos cuenta, y funciona principalmente de tres maneras que a mí, personalmente, me vuelan la cabeza en clase:
1. El efecto contagio (Tus amigos te delatan)
Esta es la razón número uno de las "coincidencias" en las comidas familiares. Imagina que mi tío no ha buscado botas de montaña en su móvil, pero su mujer (mi tía) sí lo hizo la noche anterior. Las redes sociales saben que ellos dos pasan mucho tiempo juntos porque sus móviles comparten la misma red Wi-Fi de casa y el GPS dice que duermen bajo el mismo techo.
El algoritmo piensa: "Oye, si a la persona A le interesa la montaña, y pasa todo el tiempo con la persona B... es muy probable que a la persona B también le interese". El móvil de mi tío no le escuchó hablar; simplemente se copió de los intereses del móvil que tenía sentado al lado.
2. El cronómetro invisible
No hace falta que busques algo en Google para que la IA sepa que te interesa. Las redes sociales miden el tiempo (en milisegundos) que pasas mirando una publicación. Si haciendo scroll rápido te detuviste tres segundos más de lo habitual en un vídeo de un paisaje en los Pirineos, aunque no le dieras a "Me gusta", el sistema toma nota. Tu dedo te ha delatado. Cuando luego hablas del tema y te sale el anuncio, te asustas, pero la realidad es que el algoritmo ya sabía que te llamaba la atención desde hace días.
3. Los clones estadísticos (El "Tú" matemático)
Este es el concepto más difícil de digerir pero el más potente. El sistema ha analizado a millones de personas de la misma edad que mi tío, que viven en la misma zona, que leen el mismo tipo de noticias y que compran en los mismos supermercados.
La IA ha descubierto que cuando las personas con ese perfil exacto llegan a esa época del año y el tiempo empieza a refrescar, el 70% de ellos se interesa por el senderismo. La máquina no te lee la mente, simplemente te ha metido en un grupo estadístico donde eres dolorosamente predecible. Eres un patrón matemático.
La ilusión de la casualidad
Además de todo esto, existe un pequeño truco que nos juega nuestro propio cerebro, conocido como el "sesgo de confirmación".
A lo largo del día, tu teléfono te muestra cientos de anuncios. Te salen anuncios de coches, de detergente, de bancos y de pizzerías. A todos esos los ignoras, tu cerebro los borra al instante porque no te importan. Pero si por casualidad has estado hablando de zapatillas y te sale un anuncio de zapatillas, tu cerebro hace "¡Clic!" y enciende las alarmas. Solo te acuerdas de las veces que el móvil acierta, y olvidas las 99 veces que falló estrepitosamente.
¿Podemos hacer algo?
Cuando terminé de explicarle esto a mi tío, me miró y me dijo: "No sé si me dejas más tranquilo o me das más miedo". Y le entiendo perfectamente. Como estudiante que está aprendiendo a usar estos algoritmos, alucino con la capacidad que tiene la IA para predecir el comportamiento humano, pero como usuario, da un poco de vértigo.
Saber que no te escuchan no significa que no sepan todo sobre ti. La buena noticia es que, si te agobia que los anuncios sean tan precisos, puedes ponerles freno sin necesidad de tapar el micrófono con cinta aislante.
El mejor consejo que puedo dar, y el más sencillo para cualquiera que no quiera volverse loco con la tecnología, es ir a los ajustes del teléfono y buscar la opción de "Privacidad". Ahí, desactiva el rastreo de ubicación para las aplicaciones que no lo necesiten (¿para qué quiere una app de linterna saber dónde estás?) y busca la opción de borrar tu "ID de publicidad". Es como borrarle la memoria al algoritmo y obligarle a empezar a conocerte desde cero.
"El teléfono no es un espía con auriculares escuchando detrás de la puerta. Es, simplemente, el mejor estadístico del mundo observando cada uno de tus pasos, listo para adivinar cuál va a ser el siguiente antes incluso de que tú mismo lo sepas."